Entrega simbólica en Huesca
El Ayuntamiento de Huesca ha llevado a cabo la entrega simbólica de un céntimo a las Miguelas, en un acto que tiene lugar cada 29 de septiembre, coincidiendo con la festividad de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Este evento se ha convertido en una tradición local que resalta la conexión entre la comunidad y su patrimonio religioso.
La ceremonia se realizó tras la misa celebrada por el obispo de Huesca, Pedro Aguado Cuesta. En este contexto, el segundo teniente de alcalde y concejal de Urbanismo, Iván Rodríguez, representó al Ayuntamiento en la entrega del céntimo a sor María Gloria de Dios, madre superiora del Convento de la Encarnación de Carmelitas Calzadas. Rodríguez estuvo acompañado por otros miembros de la corporación municipal, lo que subraya la importancia de este gesto simbólico en el calendario local.
Historia de una tradición
Este acto de entrega se ha realizado anualmente desde 1983, como una forma de reconocer el uso público en precario de la plazuela que se encuentra a la entrada del Convento de San Miguel, un terreno que pertenece a la comunidad religiosa. Originalmente, la entrega consistía en el pago de una peseta, que luego se transformó en un céntimo tras la adopción del euro como moneda oficial en España.
Desde su inicio, las pesetas y los céntimos entregados se han conservado en el archivo del convento, junto con los contratos firmados cada año. Este archivo se ha convertido en un testimonio del compromiso entre las autoridades locales y la comunidad religiosa, reflejando un vínculo que perdura a lo largo del tiempo.
Impacto en la urbanización local
La cesión de terrenos por parte de las Miguelas no solo ha permitido la continuidad de esta tradición, sino que también ha facilitado la urbanización del entorno en el que se ubica el convento. La entrega del céntimo simboliza, por tanto, un acto de reconocimiento que va más allá del mero gesto, contribuyendo al desarrollo de la infraestructura local, incluida la actual rotonda de las Miguelas.
Este evento anual no solo celebra la historia y la fe, sino que también reafirma el compromiso de la ciudad de Huesca con la preservación de su patrimonio cultural y su convivencia con las instituciones religiosas que forman parte de su identidad.
