La reciente campaña de excavaciones del Museo de Teruel en el yacimiento del Alto Chacón ha sido todo un éxito, culminando con el descubrimiento de una impresionante muralla de aproximadamente 36 metros de longitud, junto con dos torreones que miden entre 4 y 5 metros de lado. Esta actividad, que se llevó a cabo del 28 de septiembre al 7 de octubre, se realizó como una extensión de la campaña inicial de junio, la cual había mostrado resultados prometedores. La inversión total de este año en el yacimiento ha alcanzado los 37.000 euros, de los cuales cerca de 12.000 corresponden a esta última fase de excavación.
Compromiso con la arqueología en Teruel
Beatriz Martín, vicepresidenta primera de la Diputación de Teruel y responsable del Museo de Teruel, ha reiterado el firme compromiso de la institución con la investigación y conservación de los yacimientos arqueológicos de la provincia. Martín enfatizó la importancia de continuar con estas labores, que no solo enriquecen el patrimonio cultural de la región, sino que también contribuyen a la comprensión de su historia.
Durante el mes de junio, bajo la dirección científica de Marta Pérez y Marta Blasco, se realizó una cata comprobatoria en la ladera E del asentamiento. Esta intervención, que consistió en una zanja de 2 metros de ancho y 17 de largo, tenía como objetivo profundizar en el conocimiento sobre la configuración del sistema defensivo en esa área específica del yacimiento.
Descubrimientos significativos en el yacimiento
La codirectora de las excavaciones, Sara Azuara, conservadora del Museo de Teruel, comentó que desde el inicio de las excavaciones se había sospechado la existencia de la muralla. Después de varias campañas que se centraron en estructuras domésticas, se decidió llevar a cabo un sondeo en junio para verificar la existencia de la muralla, evaluar su estado de conservación y entender cómo se organizaba el sistema defensivo.
“Los resultados fueron muy positivos. Localizamos dos líneas de muralla de diferentes épocas: una primera que data del siglo V a.C. y una segunda que fue construida posteriormente en el siglo II a.C.”, explicó Azuara. Este hallazgo indica que el asentamiento contaba con un robusto sistema defensivo que, en algún momento, se decidió ampliar.
Detalles arquitectónicos y estructurales
Los descubrimientos permitieron documentar la cara externa de la muralla en la parte superior de la ladera, que se cree corresponde a las fases más antiguas del poblado. A unos metros más abajo, se identificó otra estructura hecha con grandes bloques, relacionada con una línea defensiva posterior. Ante la importancia de estos hallazgos, se propuso extender la campaña de excavación para investigar más a fondo este sistema defensivo.
Junto con las codirectoras Pérez y Blasco, Azuara se ha encargado de las labores manuales y mecánicas que han permitido revelar el lienzo de la muralla y los torreones adosados. La muralla fue construida mediante un doble paramento de mampostería de tamaño mediano, con un núcleo central compuesto de pequeñas piedras y tierra compactada. Aunque se estima que su construcción data del siglo V a.C., posteriormente fue parcialmente amortizada en su interior y reforzada en el exterior con un nuevo lienzo, ampliando así el perímetro del poblado durante las últimas fases de ocupación. Sin embargo, en este momento, no se ha podido profundizar más en la excavación de este último lienzo, quedando pendiente su estudio para futuras intervenciones.
